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Si tu hijo no tiene apetito o no quiere comer, para evitar que le duela el estómago, puede deberse a la presencia de parásitos intestinales. Estos organismos, casi imperceptibles, se alimentan de los nutrientes de su cuerpo y permanecen en él mucho tiempo. Usualmente, se encuentran en las heces fecales, pero también se transportan fácilmente a través del aire, el agua y de persona a persona. También, se propagan con rapidez en ambientes poco higiénicos. De hecho, sin un adecuado lavado de manos y si no esterilizan bien los teteros o los juguetes, estos pueden aparecer, incluso, en la etapa de lactancia.

 

 

¿Cómo reconozco si mi niño tiene parásitos?

 

Si notas que pierde el apetito, le duele el estómago, tiene náuseas, vómito, dolor de cabeza, diarrea o estreñimiento, debilidad, palidez o picazón alrededor del ano, es el momento de ir al médico. El especialista ordenará un coproscópico (para deposiciones diarreicas) o un cropológico seriado (para deposiciones blandas), con los cuales identificará plenamente qué tipo de parásitos tiene.

 

 

¿Cada cuánto debo desparasitar a mi hijo?
Por recomendación  de la Organización Mundial de la Salud, si el niño es menor de dos años y no tiene síntomas de infección, no se debe purgar. Después de esta edad, se aconseja al menos una vez al año, hasta que cumpla los 12.

 

 

¿Qué favorece su aparición?
En general, no hay un alimento específico.  Sin embargo,  aquellos que están contaminados, sin un adecuado lavado y que son manipulados con las manos sucias, son los principales focos de propagación.

 

 

Consejo Mi bebé 

 

Evita que tu hijo ingiera alimentos de la calle, sin ningún tipo de protección. Recuerda que la falta de higiene induce a la aparición de parásitos.