¿Dónde se encuentran las señales del amor?

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Hace unos días me recalcaron que por no haber leído las señales, algunas decisiones me tomaron por sorpresa. Pero luego de rebobinar la película, casi que en cámara lenta, sigo sin ver las señales. ¿Estaría así de concentrada en disfrutar del día a día que no percibí ni el menor signo de pare? Si no puedo descifrar un jeroglífico, mucho menos lo que los otros están irradiando. Es un trabajo extenuante. Porque además, a propósito, muchas veces transmitimos las señales equivocadas.

Dedicarte con pasión a una persona una noche, no necesariamente significa que habrá cita número dos. Pedir el número de teléfono no significa que te va a invitar a salir, el teléfono es para saber cuándo no contestarle. Un abrazo que sobrepase los cinco segundos no es otra cosa que un frío insoportable. Las miradas que uno bota de vez en cuando, en ningún momento dicen “acércate y bríndame un trago”. No no no, es que te pareciste a alguien de quien sí estoy interesada. Quedan como Travis en Taxi Driver, mirándose al espejo preguntándose a quién diablos le estaban hablando: “You talkin to me?”. A veces mandar mensajes seguidos no es una manera de botar perros, es que la persona está así de aburrida y quiere hablarle a alguien, al alguien que esté dispuesto a responderle. Dos ja, ja es una sonrisa, cuatro ya se aproxima a una carcajada.

 

¿Esto quiere decir que cada comportamiento está fríamente calculado? ¿Que cada insignificante acción tiene como meta crear algún tipo de reacción en la persona contraria? Todo parece indicar que sí, que hay que estar alerta, pero es un trabajo extenuante. Qué desgastador estar todo el día atento a lo que quiere demostrar la otra persona. Qué delicia que las señales fueran orgánicas y no hubiera necesidad de leer ni de interpretar nada: saberlo todo. Claro que buscar señales es todo un juego, como cuando el mensaje que mandó sale como leído o no hay respuesta hasta cuatro horas después. ¿Estaba ocupado, o simplemente le dio física pereza responder el mensaje? ¿Se está haciendo el deseado?

 

 

Y lo que lo hace aún más difícil de resolver es que muchas de esas señales que mandamos conscientemente no significan lo que estamos proyectando. A veces coquetear y usar todo el poder de la libido no tiene como meta llevarte a la cama; muchas veces, la gran mayoría, es para tenerte ahí pendiente. Velando. Alejar a alguien del lado no traduce repudio, ignorar atrae. Otras son como son y no pueden ser más claras: sí es sí, y no, absolutamente imposible.

 

 

Relacionarse es bastante complicado, pero muchas veces es un trabajo pesado por tanta pensadera: que si le hablo o espero a que me hable; que si no contesto sino hasta la llamada 15; que si me pierdo… Parecemos de 15 años. Ni siquiera. A esa edad uno se iba con toda sin frenos ni señales, era amar hasta suicidarse. ¿Por qué no se puede seguir así? Alguien casado decía que mantener la relación es una tarea agotadora. Se necesitan dos para enamorarse, y cuando el número se reduce, es mil veces más emocionante ser uno el que bote las señales, el que decida, en lugar de estar rompiéndose el coco tratando de analizar qué quiso decir la otra persona cuando te deja rosas rojas pero no llama.

 

 

Aunque jugar siempre será divertido, y eso de leer señales es como el juego de mímica, debo aceptar que odio la mímica, prefiero jugar pictonary. Cuando no te leen, lo más razonable es decir las palabras de frente o, en su defecto, que te las dibujen y te dejen una nota en la portería de tu casa.

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