En Yopal por costumbre o legado muy antiguo existen creencias de lo sobre natural, creyendo en brujos, hierbateros, y hechiceros con notoria apatía a los médicos de quienes dudan de sus conocimientos por lo jóvenes o por sus términos enredados no castizos al lenguaje trillado por sus habitantes Llaneros de estas latitudes.

Practicando al pie de la letra la famosa canción de Celia Cruz “El Yerberito” para aliviar las enfermedades, problemas y otros quebrantos, confiando muy ciegamente en cualquier yerbatero. O la canción Brujería del Gran Combo.

Para el mes de octubre del año 2013 se pavoneaba en la provincia un señor trigueño de facciones indígenas de unos cincuenta años de edad con cabello grisáceo y corbata elegante un poquito arrugada, en la mano derecha le brillaban tres añillos de poca monta, y sosteniendo un maletín de fibra de marca Samsonite de esos de moda en los años setenta, el individuo nunca soltaba la valija, siempre usaba la misma corbata, siendo la única chalina y lo distinguía en la región como alguien diferente, muy a pesar que el calor inclemente del clima petrolero no permite el uso de prendas cerradas.

El maletín negro que siempre causaba intriga su contenido. En el Cargaba su tesoro mágico, remedios naturistas y frascos plásticos de tantos colores como el arco iris, usándolos para curar todo tipo de dolencias existentes en todo el planeta según sus frases convincentes.

Siendo él un sustituto ideal a los malos servicios médicos de las EPS en el país colombiano y con muchos seguidores e interesados en las zonas campesinas.

El afirmaba ser fabricante de muchas medicinas que aprendió en las selvas del Amazonas donde estuvo interno por más de dos décadas. Los indios y chamanes le confiaron todos los secretos en manera verbal como solo les transmiten los abuelos a los nietos en estas sapiencias y secretos milenarios en las marañas verdosas de la jungla en Colombia, Perú y Ecuador.

Para esos días me sugirió una crema para mis dolencias que sanaba de todo, era su último descubrimiento y me la cedía por tan solo doscientos mil pesos, me afirmo que debía aprovechar era original y solo le quedaba esa, después de mucho insinuar me la rebajo a ciento veinte mil pesos, pero no la compre, no por tacañería sino por malicia indígena e incredulidad.

Le interrogue de donde salió tan buen ungüento con cierto celo, mientras para mis adentros me burlaba de sus frases destempladas de mercader de salud y buena fortuna.

El me refirió que en días anteriores había recolectado plantas para la pomada después de hervir las hierbas, las rezo con oraciones muy antiguas, esotéricas y secretas, extrajo la nata de ellas formando la maravillosa y milagrosa mixtura que varias clientas de otras comarcas se habían sanado de reumatismos, tuberculosis, difteria, siendo él muy famoso en toda la región Llanera en Casanare, Arauca y otras regiones más incluyendo la capital colombiana.

A varios amigos nos afirmó ser un Brujo iniciado en alto grado y prometió aumentarnos las ventas en nuestros negocios, por varias semanas visito la panadería de un amigo donde yo frecuentaba a tomar tinto o pintaditos, siempre se sentaba en la mesa de la entrada, muy educadamente nos saludada y se fue ganando la confianza de vecinos, mi amigo de la panadería Horacio tuvo un notorio aumento de sus ventas, como que desembolsillo dinero a cambio de una buena suerte en el establecimiento pero conservo en secreto su inversión para evitar las burlas de algunos clientes.

Muchas vecinas le consultaron al hombre problemas económicos, domésticos, infidelidades y otras de enemistades, a todas les fue resolviendo sus problemas de maneras muy cordiales con consejos, en otros casos con oraciones que les ayudarían en sus diferencias o vendiéndoles sus menjurjes, talismanes o medallas intercambiando por dinero, aretes u otras joyas.

Manifestaba poder quitarles brujerías y poder venderles amuletos para varios objetivos como para amarar el ser amado, conseguir trabajo y buscar huacas una de sus especialidades más famosas en Putumayo donde era muy solicitado.

En muchas ocasiones le acompañaba un perro gris schnauzer al que le hablaba como si fuere un niño, el animalito solo lo miraba, siempre sentado a su lado.

En el barrio y en centro de Yopal se volvió muy conocido y le llamábamos Maestro Moisés, no se quien le dio ese nombre o si él mismo se hacía llamar así.
Varias señoras me hablaron de sus logros por medio de los sortilegios, estampas y el alivio de varias dolencias, pero siempre fui escéptico y guardaba mis palabras y opiniones para ser prudente.
Varias veces fue al restaurante a almorzar acompañado de la mascota a quien le decía Carlitos, solo le daba las sobras y diálogos con largos consejos como si fuera su hijo, el animalito solo paraba las orejas y lo miraba atentamente. Eso causaba curiosidad y una amigable sonrisa.
En cierta ocasión asistió al asadero de pollos en compañía de una dama algo simpática, bueno bien acuerpada de unos cuarenta años, los vi de reojo compartieron un buen rato y a la hora de pagar la cuenta la señora costeo todo muy feliz y radiante.
Las semanas siguientes el encantador se desapareció, pensamos que estaría en la selva buscando plantas para los brebajes o asistiendo enfermos en otra parte de la ciudad.
Días después la señora que lo había invitado a almorzar lo buscaba encrespada y consternada con revolver al cinto.
¿Qué paso? le preguntamos asombrados.
Nos contó a Horacio a mí, con algo de pena y desahogando su enojo.
“Imagínense ese desgraciado me convenció que tenía un maleficio en el estómago y por fuera no me lo podía tratar, ni sacar, ni extraer. Me convenció que la forma para eliminar ese mal era penetrándome untando el instrumento con diferentes cremas especiales y haciendo oraciones, tocándome e untándome cremas el estómago y busto, danzando él alrededor de la cama y cantando frases, él se disfrazó con una valaca con plumas en la cabeza, dando vueltas alrededor de la cama para cortar el hechizo y alejar los malos espíritus y yo de pendeja con las piernas abiertas esperado que me penetrara.
Él me dijo que haría esa maniobra con gran sacrificio pero que me costaría trecientos mil pesos, inocentemente le di el dinero y me deje poseer”. ¡Pasados los días siguieron los síntomas y lo busque sin encontrarlo y llegue a la conclusión que fue timada y usada! “Un médico del hospital me diagnostico gastritis”.

Para entonces varias vecinas de confianza hablaban de que habían recibido la misma propuesta del maestro Moisés.

Nunca pudimos saber cuántas señoras pasaron por las manos, cremas y sabanas del maestro Moisés.

Solo contaron de los dineros, aretes y cadenas perdidas. Jajajaja

Nunca más nadie volvió hablar ni recordar al maestro Moisés, el último Mago.

Articulo por:

Edgar Awad Virviescas

Yopal Abril 2018

Autorizado por :

Jorge Camargo

Director General Heliconia RADIO