CONSUELO ARAUJO “LA CACICA”

Cuando Rafael Escallón Villa dueño del diario de la Costa me citó en la dirección del periódico para decirme que quería que yo fuera a Valledupar al Festival de la Leyenda Vallenata como su enviado yo le dije enseguida que yo jamás había escuchado un vallenato ni conocía mucho del tema y la verdad es que no tenía mucho entusiasmo pero
era una orden y le pregunté cómo sería mi viaje.?
“Tu iras con una carta que le enviare a Consuelo Araujo que es amiga mía para que te busque un hotel y yo te daré unos viáticos y me mandas unos informes”.

Así me fui para Valledupar, nunca había estado por allá ni conocía a nadie, me presente ala casa de la Comadre Consuelo como le decían y me sorprendió que me dijera que me alojara en su casa y así fue que “sin querer queriendo” estaba en una mansión inmensa que me recordaba a las del barrio de Manga de Cartagena repleto de salones y
acordeoneros por todos lados.

Más sorpresas recibí cuando me enteré que también estaban alojados allí Juan Gossain,
Enrique Santos Calderón, Daniel Samper, Pachito Santos, Hernando Giraldo el columnista
más leído en Colombia de esa época, de los que recuerdo.
Yo me sentía privilegiado aun cuando debo aclarar que las personas mencionadas todavía
en ese momento no tenían el renombre que posteriormente lograron.
Consuelo era una mujer alta, dueña de una personalidad arrolladora casada en ese
momento con Hernando Molina, un hombre esférico en libras, y sonreía mucho pero que
realmente ante la amplitud y lo que irradiaba su mujer desde que empezaba el día el
aparecía como un co-anfitrión. De pronto estoy yo en un sitio realmente privilegiado
porque ahí aparecían caras legendarias como Rafael Escalona, el Padre de los Zuleta,
Luis Enrique Martínez, y Alejo Duran que con sombrero era uno y sin el otro.
El negro Durán en ese festival que creo que fue el primero fue el ganador pero fue honrado
en decir que no merecía el premio porque se había equivocado. La verdad es que con él,
en esos días en la mansión de Consuelo no tuve mucho dialogo, pero decenas de años
después hice que lo invitaran al Festival de Música del Caribe y lo condecoraran y pasaron
tantas cosas en ese segundo encuentro que merece que yo le dedique una crónica aparte.
Lo que recuerdo de aquellos días en Valledupar es que nunca conocí gente más amable,
más cálida, que los que rodeaban a Consuelo pero me inundé de música vallenata para lo
que no estaba preparado y debuté con el Old Parr en cantidades abundantes.
No faltaron las anécdotas como cuando con dos de los personajes mencionados nos
fuimos para una supuesta reunión en un Club y llegamos en varios jeep que era el
vehículo de esa época, pensamos que era un acto social pero ahí lo que había era un club
de mujeres muy alegres.
Y todavía recuerdo algo que me pasó y que han pasado tantos años que posiblemente sea
una de las anécdotas que yo tengo en la mente con más nostalgia: En plena animación en
la mansión de Consuelo con tanta música y trago me animé a sacar a bailar a una joven

muy bonita y ella se negó amablemente. Pasaron las horas y volví e insistí y la negativa
fue igual. Ya con más tragos me animé otra vez y repito la muchacha muy bonita me dijo:
“Mira, no es que no quiera bailar contigo, y ya me voy, pero si eres tan amable me puedes
llevar a mi casa” Y le dije que encantado.
Cuando se paró observé que tenía una invalidez en las piernas y había que ayudarla para
que pudiera caminar. La casa era inmensa y yo pues la acompañé desde el sitio hasta su
casa y nos despedimos y no he podido olvidar las gracias que me dio y su sonrisa.
Muchos años después y acá en Barranquilla Consuelo tenía una columna en El Heraldo
muy leída y yo salía 3 veces a la semana con una columna bien extensa, la tuve 11 años.
Yo acababa de regresar de España en una correría por Andalucía con unos amigos y un
sitio llamado Fuente del Maestre acudí a un tablado donde me hice amigo de dos
hermanas, una de ellas me decía que le encantaba la poesía y cada vez que nos
encontrábamos recitaba algo y me decía que era de su autoría. Yo le prometí que cuando
regresara a América le iba a publicar su producción poética. Así lo hice y el día que salió el
comentario Consuelo (La Cacica de Valledupar) al día siguiente en su columna me
ridiculizó cuando dijo que a mi habían metido un gol poético en España porque esos
poemas que yo había reproducido de la amiga del tablado eran de Neruda y lo que había
hecho era mezclarlos.
Ese es el último recuerdo que tuve de Consuelo después que intercambiaba muchas
actividades entre Valledupar y Barranquilla como cuando yo le envié a Maribel Moreno una
famosa mentalista con quien yo vine a radicarme en Barranquilla precisamente y allá en
las tierras de la Cacica donde era una autentica celebridad Maribel le leyó la mano a
muchos nativos de esa recordaba ciudad.

PD. Quiero agradecer a Álvaro Enciso que me lee estas crónicas y es el fundador de la
Fundación La Luz que rehabilita drogadictos en varios ciudades. La foto que me envió
donde yo estoy muy joven recibiendo en el aeropuerto a Rodolfo Aycardi de quien yo fui su
impulsor desde cuando estudiábamos en el Colegio León XIII, en esa foto aparezco con
Rodolfo, con Álvaro su hermano, unas admiradoras del cantante y sus músicos.
También al mismo Álvaro le informo que el proyecto de reunirnos en Cartagena y
Barranquilla con los cantantes amigos de mucho tiempo y que no veo hace rato como
Christopher, Mariluz, su esposo e productor Roberto Reyes, Yolandita y Kenny Pacheco,
va bien la gestión y creo que a mediados de abril nos reuniremos.

A propósito en los primeros días de abril me siento muy honrado de volverme a reunir con
Armando “El Chupo” Plata una leyenda de la radio en América Latina. Tenemos muchos
años que no nos vemos y creo que será un encuentro muy emotivo.

por Armando plata camacho

 Por Edgard Garcia Ochoa Flash

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